jueves, 7 de noviembre de 2013
Audacia, más audacia, siempre audacia.
Audacia,
más audacia, siempre audacia
Cuando va a empezar
nuestra Conferencia Política quiero expresar telegráficamente una reflexión, fruto
de una preocupación.
Aunque deseo equivocarme,
tengo la duda de que nuestro Partido, cuya organización, me temo, tiene más de feudal
que de federal, sea capaz de renovarse desde dentro lo suficiente como para
emitir hacia fuera la energía, la ilusión y la esperanza que necesita el mundo
en el que nos toca vivir.
Escucho las últimas
declaraciones de nuestros dirigentes y veo un temor a soltarse para dar el
salto imprescindible hacia el futuro, así como la tentación de lo que llamamos “el
aparato” de querer tener bien controlado el proceso.
A los que ocupan un sillón
se les nota que por encima de todo no quieren perderlo, y los que están impacientes por desalojarlos muestran
una excesiva prudencia a la hora de atreverse a anunciarlo claramente.
Ambos pecan de falta de
imprudencia ( o de exceso de prudencia, que es lo mismo).
“¡Audacia, más audacia,
siempre audacia!”, decía Danton en momentos muy difíciles de la Revolución francesa.
Eso digo yo también, y eso
me gustaría ver en mi Partido: AUDACIA.
Antoine candelas.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
El pragmatismo
El
pragmatismo
Cuando me asomo a mi
ventana, dirijo mi mirada a lo más lejos que mi vista me permite, y pienso, y
sueño.
Cuando bajo a la calle y
empiezo a andar, ¡qué remedio! tengo que mirar donde pongo los pies, por eso de
no tropezar, resbalar o caer.
Espero de un líder político
que me hable de sus ideales, sus sueños, sus esperanzas y sus utopías, de su
visión de un mundo mejor.
Cuando baje de la tribuna y
tenga que gobernar entenderé que la realidad es compleja y muchas veces adversa
y admitiré que me diga: "mis ideales siguen siendo los mismos pero debo de
ser pragmático en ocasiones".
Pero le despreciaré y le
daré la espalda si se presenta a mí definiéndose como "pragmático".
Que no me diga: "¡Yo soy un político pragmático!"
Que me diga que el simple
hecho de tener que vivir el día a día nos obliga, muy a nuestro pesar, a ser
pragmáticos.
Pero por favor, que no haga
del pragmatismo una profesión de fe, ni una ideología, ni una virtud.
Que me diga que el
pragmatismo es sólo la piedra en el camino de sus sueños.
Antoine
Candelas.
viernes, 30 de agosto de 2013
Reflexiones veraniegas
El neoliberalismo: una ideología
in-humana
Suelo
escuchar algunas tertulias, debates, intervenciones de políticos, empresarios, también
taxistas, vecinos y conversaciones de bar. Y me llama poderosamente la
atención, y me sorprende, y me extraña, y me irrita ver que son tantos todavía los
que defienden esta sociedad humana ultraliberal, donde el emprendedor y el
bróker son los héroes, cuya religión es la competitividad, una sociedad humana
donde la Bolsa es el templo y el dinero el Dios todopoderoso.
Lo
que me irrita y me indigna es que se considere humana ese tipo de sociedad, porque sus valores son los de la selva,
sus leyes las de la dura naturaleza: el fuerte, el listo, el más atrevido, el
mejor situado o adaptado sobresalen y sobreviven, y los débiles, los tímidos,
los menos ambiciosos, los que no tienen tanta suerte “¡que se jodan!”, según la
expresión que últimamente ha salido de más de una boca de político o de
periodista de derechas (en realidad era evidente que vía la boca les salía del
corazón).
Lo
que me irrita y me entristece más aún es que personas que no pertenecen a la
minoría poderosa que manda en este mundo, sean las que defiendan más
fanaticamente esta ideología, particularmente con su voto.
Los
valores que sustentan semejante ideología serán todo lo que uno quiera salvo humanos. Estos valores no pueden ser
los de la humanidad. Sus leyes son las del mundo vegetal y animal pero no pueden
ser las del ser humano. Una sociedad gobernada por la ideología neoliberal es para
mí in-humana.
La
humanidad se ha caracterizado desde sus orígenes por el intento de superar las
leyes de la naturaleza, por el deseo de asegurarse el techo y el pan con menos
esfuerzo y más seguridad, de vivir la vida sin las incertidumbres, las angustias
y los temores del mundo animal. Para eso inventó la agricultura y la
solidaridad, para eso se estrujaron las neuronas Montesquieu, Rousseau y Voltaire,
para eso se hicieron revoluciones, para eso se crearon sindicatos, para eso se
elaboró la Carta de los Derechos Humanos, para eso se hicieron guerras también.
Una
minoría, de mente enferma, desde siempre obsesionada por el poder y la riqueza
material, inventó la religión, el ejército, la monarquía para imponer unas
reglas de organización, unas leyes que sólo le beneficiaban a ella, intentando
siempre someter y esclavizar a la mayoría crédula y resignada, a menudo
asustada, controlada por la religión y si fuese necesario por la violencia armada de la
policía y el ejército. La ideología dominante en todas las épocas, salvo honrosos
breves periodos, siempre fue la ley de la selva, la ley del que manda, la ley
del más fuerte, que es la que beneficia a esa minoría poderosa, pero eso sí,
sólo a ella.
Yo
digo que para una sociedad humana, mejor una cooperativa solidaria que una transnacional
competitiva y depredadora.
Mejor
unos bienes duraderos y de calidad que respeten y valoren a la persona que los
ha fabricado, que un consumismo alocado de objetos endebles que se fabrican
masivamente a costa de explotar a los trabajadores (entre ellos a muchos
niños), consumismo sin sentido que sólo nos puede llevar al agotamiento de los
recursos del planeta y a su destrucción.
Mejor
una agricultura ecológica y de cercanía que respeta la tierra que la produce,
que una producción intensiva e industrial de cereales, frutas y verduras
modificadas geneticamente en unos campos muertos biologicamente y sólo
productivos a base de química. Esto vale también para la ganadería y la pesca.
Mejor
una multitud de pequeñas comunidades respetuosas unas con otras conviviendo en
paz con sus identidades y sus diferencias, que una globalización, una
mundialización violenta y depredadora que destroza todo lo que abraza, que
provoca guerras y esclaviza a miles de
millones de seres humanos.
Mejor
un Estado fuerte con capacidad para proteger a los más débiles y para controlar
a un Mercado al que vemos ahora que no se le pueden dejar las manos libres. Es decir mejor que la economía esté al
servicio de las personas que no las personas al servicio de la economía. “Lo humano primero” podía leerse en los
carteles electorales del Front de Gauche francés.
Mejor
que la educación, la sanidad, el agua, la energía, los transportes, la banca,
las costas y unas cuantas cosas más sean propiedad pública, es decir de todos
al servicio de todos, que propiedad privada para beneficio de unos pocos. De
hecho pienso que el derecho a la propiedad privada debería tener serias limitaciones.
Y para
todo eso, mejor una democracia real y participativa, formada por ciudadanos
educados e informados, que esas dictaduras seudodemocráticas que gobiernan hoy
en día a nuestros pueblos adormecidos y embrutecidos por la televisión, el
pensamiento único y la propaganda.
Lo
repito, el capitalismo neoliberal es una ideología in-humana.
Podemos
vivir en paz y ser felices en este planeta de otra forma.
Si
se quiere, se puede.¡Sí, se puede!
Antoine Candelas .
lunes, 22 de julio de 2013
jueves, 11 de julio de 2013
Los trabajadores
El desequilibrio entre los derechos del trabajo y los derechos del capital no cesa de agrandarse. La última reforma laboral fue una verdadera declaración de guerra, y me temo que la próxima será aún más salvaje. Algo habrá que hacer.
martes, 9 de julio de 2013
jueves, 6 de junio de 2013
Reflexiones de un 6 de junio de 2013
Así
que el FMI reconoce que se equivocaron en Grecia, pero no parece removerles
mucho la conciencia las consecuencias dramáticas que sus “errores” han tenido
sobre millones de griegos.
La
Comisión, por boca de nuestro Almunia nacional, dice que fueron las prisas, que
no hubo tiempo de pensárselo mucho.
Lo
que tenemos es una pandilla de incompetentes que en sus respectivos países ya
habían demostrado su poca valía, y como no sabían que hacer con ellos, los
mandaron a Europa (caso de Barroso, Almunia y un puñado más).
No
veo por ningún lado ni en ningún país europeo líderes dignos de este nombre que
es lo que se necesitaría en estos momentos, líderes con ideas, valentía y
firmeza a la hora de representar y defender a los suyos, y eso es porque las
oligarquías que mandan en los partidos han accedido a los puestos de mando, no
por su talento y su valor, sino por su obediencia y servilismo a la dirección
de turno. Así no pueden emerger De Gaulles o Adenauers. Así se seleccionan a
los mediocres.
PD:
Acabo
de ver en los debates de TVE y 24h que habían invitado a jóvenes políticos del
PP y del PSOE, diputados ellos. Piensan sin duda que así, con caritas nuevas y
sin arrugas, podrán lavar su imagen. Pero se olvidan que la cara no basta si no
cambias también la música del discurso. Y en vez de oír a unas voces jóvenes,
atrevidas, diferentes, con ideas propias, hemos oído a unos loritos que
recitaban muy concienzudamente los distintos argumentarios de sus respectivos
partidos, intentando imitar a sus mayores que por lo menos tienen más oficio. Muy
bien, chicos, seréis ministros un día. Penoso.
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