martes, 5 de junio de 2018
jueves, 9 de marzo de 2017
El sistema formatea nuestras mentes
El sistema formatea nuestras mentes desde la infancia
“Si no estáis vigilantes, los medios de comunicación conseguirán
que detestéis a los oprimidos y que améis a los que los oprimen”
(Malcolm X)
Preguntándome porque algunos amigos míos me dicen: yo no votaría
a Pablo Iglesias. ¿Por qué les es más fácil votar a Rajoy que a
Pablo Iglesias?
¿Por qué a ciudadanos normales y corrientes como yo, de clase
humilde, les caen mejor Rajoy o Susana Díaz que Pablo Iglesias?
¿Será porque periodistas y tertulianos nos manipulan?
En parte sí, pero pensándolo mejor, hay más causas y seguramente
razones más profundas.
Si tuviese que dar una sola causa diría que la televisión tiene
mucho que ver. Pero la televisión tomada en su sentido más global,
desde los programas para niños hasta la publicidad, pasando por los
informativos, las tertulias, los juegos y hasta los deportes.
¿Pero qué relación puede haber entre un dibujo animado para niños
o una publicidad para un coche y la percepción que tenemos de tal
o cual candidato a unas elecciones?
Se podría pensar que sólo hay manipulación, formateo de las
mentes, condicionamiento de las personas, cuando vivimos en una
sociedad autoritaria, una dictadura.
Pero en las sociedades “democráticas”, que son de facto
dictaduras suaves, estamos sometidos también a un ferreo control
social, y eso, desde nuestra más tierna infancia. Por ejemplo cuando
somos niños nos enseñan a identificar lo que es conforme a las
normas (¿qué normas?) y lo que no lo es, nos impregnan de
prejuicios, por ejemplo prejuicios sexistas: azul para los niños,
rosa para las niñas, los hombres hacen bricolaje y las mujeres
limpian la casa. Prejuicios raciales: recordad estos estudios
repetidos en diversas épocas donde se presenta a niños una imagen
de un niño blanco y otra de un niño negro y se les pregunta sobre
quién es guapo o feo, quién es bueno o malo, con quién se
identifican, y resulta que niños negros se identifican con el niño
blanco. Vamos a recibir lecciones morales: te paseas con tus padres
por la calle y pasando delante de una obra te pueden decir: si no
trabajas bien en el cole tendrás callos en las manos como este peon
de albañil, y pasarás frío o calor.
Te enseñan lo que está bien y lo que está mal, lo correcto y lo
incorrecto, el respeto a la autoridad, a las reglas, la virtud de la
competición, del camino que conduce al éxito, se establece una
jerarquía entre los oficios, entre las asignaturas escolares, entre
hombres y mujeres, entre las razas. Estamos sometidos desde la
infancia a estos juicios de valores, a estos condicionamientos que
conformarán nuestro comportamiento futuro.
Y ahí llega la publicidad. Se ha estudiado que estamos bombardeados
por unos 3000 estímulos publicitarios al día. Y los cuentos,
dibujos animados, príncipes y princesas, que consideramos virtuosos
por su belleza, su estatus social, y más tarde los ídolos del
fútbol, y el amor romántico. Todo va siempre en la misma dirección
para empaparnos de la ideología dominante.
Y todo esto va a conformar un imaginario a la vez colectivo e
individual que nos empujará a marginalizar ciertas personas, por su
estatus social, por su corportamiento, por sus ideas, por su forma de
vestir o de peinarse, por su raza, por su religión, porque no están
de moda, y al contrario tenderemos a apreciar otras que serán
conformes a este formateo al que hemos estado sometidos.
Esta es la idea: la conformidad con un modelo dominante, con un tipo
de organización social que se nos presenta como universal, sin
opción de imaginar y aceptar otro. Eres conforme al modelo del
sistema o eres antisistema (y la “música”, el tono que se le
pone a esta palabra llevará una carga emocional despectiva, de
reprobación, de peligro, y más aún si le añadimos el adjetivo
“populista”), con lo cual a una mayoría no le apetecera ser
antisistema.
La televisión nos transmite todo esto amplificándolo, y esto nos
lleva a aceptar más facilmente determinados discursos, valores, y a
rechazar otros. Y uno de los medios más potentes para configurar
estos comportamientos es justamente la publicidad.
¿Que relación hay entre estos spots publicitarios con los que nos
bombardean y la política? Pues hay mucha: mirad estas publicidades
de coches, de cosméticos, etc...El mensaje de estas publicidades no
es nunca neutro, siempre es un mensaje conforme a esta sociedad de
consumo que nos empuja a acumular, acumular objetos, que despierta y
alaba el espíritu de posesión, de propiedad, de competición y
siempre con esta idea de moda que tenemos que seguir. Es pura
ideología política lo que nos transmite la publicidad. Y es muy
insidiosa, silenciosa, se te mete en la cabeza y te persigue hasta en
la cama, sin que te des cuenta, porque siempre hay detrás este
control colectivo que opera, aunque sólo fuera a través del espejo
que es la mirada de los demás, de estos otros que han sido ellos
también formateados de la misma manera. Con lo cual este control es
más eficaz aún que en una dictadura, puesto que no se necesitan
siquiera fuerzas represivas, los carceleros somos nosotros mismos.
Mirad un chaval en un instituto, si no tiene las mismas deportivas y
de la misma marca que sus compañeros se encontrará marginalizado de
facto. De hecho un chico que no puede comprarse una determinada marca
porque su familia no puede asumir este gasto, le pedirá a su madre
que le cosa un logotipo de Nike en su camiseta. Pensemos en una de
las últimas publicidades de coches: “Mi padre tiene esto, y
esto,...¿y el tuyo qué tiene? - el mío tiene wifi...” O esta
otra: “¿Pero no te puedes permitir un Opel?” O “no seas tonta,
compra Chanel que tú te lo mereces”.
No hay forma de escapar, aunque uno tenga una postura crítica
hacia la publicidad, el grupo te obliga a entrar en el molde para no
sentirte excluído, humillado, etc...y puedes observar el resultado
en ti mismo en cuanto pisas un hipermercado o pasas delante de un
escaparate. El ser humano es un ser social y hará todo para ser
aceptado por sus semejantes e integrarse en la manada.
Vemos pues como la publicidad entra sin que nos demos cuenta en
nuestras vidas y como está fuertemente cargada de una determinada
ideología política. Y no sólo la publicidad, todo lo que difunde
la televisión participa de este formateo ideológico: informativos,
películas, tertulias, juegos, deportes, etc...
Y en cuanto a la política, manipulados por los “expertos”, los
curas mediáticos, terminaremos actuando según sus deseos, que no
son otros que los deseos de los poderosos de este planeta, y
votaremos como ellos quieren, a quién ellos prefieren, convencidos
de que votamos “libremente”.
¿Por qué estos “expertos” esos curas mediáticos tienen tanto
poder de condicionamiento sobre nosotros?
Hay varias razones a esto. Ahí van tres:
- primero está una “violencia simbólica” que se expresa a
través de estos expertos, quiero decir que estaremos más
influenciados por el que lleva traje y corbata, que se expresa con un
lenguaje más elaborado, con más convicción, o que se presenta con
un título universitario rimbombante. Pensaremos que tiene la ciencia
infusa y le concederemos mucha credibilidad.
- segundo, estos expertos están en sintonía con la ideología
dominante, es decir la que hemos mamado. Podemos observar que son
siempre los mismos que se pasean de una televisión a la otra (si
siempre son ellos será que son los que más saben), como si no
hubiera en el país multitud de periodistas y universitarios tan o
más preparados que estos, que podrían expresar y desarrollar ideas
y opiniones alternativas.
- tercero, escuchar a estos expertos nos dispensa de pensar. Piensan
por nosotros. Nosotros estamos cansados, bien calados en nuestros
sofás cual vegetales, predispuestos a tragarnos estas ideas
predigeridas que nos machacan. Nos quedamos también en una situación
pasiva y dócil frente a los sermones de unos periodistas que nos
transmiten a través de unas “informaciones” el mensaje de que
ellos representan y hablan en nombre de los ciudadanos “normales”,
el mensaje de un pensamiento único que nos venden como universal e
insustituible.
Cuando estos curas mediáticos se dirigen o entrevistan a un
político, su actitud hacia él no será la misma según de quién se
trate, según que represente el orden social dominante (la mayoría
de los entrevistados del PP, PSOE o C's) o un peligroso antisistema,
y nosotros, observando esta actitud, vamos a interiorizar una cosa o
la otra en función de si este político pertenece a la comunidad de
creyentes normalizados que nos han metido en vena o es un herético.
Si este control, este formateo de las mentes, esta manipulación,
este condicionamiento funcionan como lo describo aquí, y si
pretendemos cambiar el sistema, es imprescindible desmitificar estos
spots publicitarios, estos “expertos”, contestar su poder,
bajar de su pedestal a esta televisión que es la herramienta más
peligrosa y dañina para nuestra libertad de pensamiento. Tenemos que
analizar, desmontar, explicar, denunciar estos procesos de
manipulación. Pensemos en la revolución francesa por ejemplo: fue
posible porque antes unos pensadores ilustrados en el siglo de las
luces habían hecho un trabajo preparatorio en las mentes de las
personas de su tiempo: criticaron, desacralizaron la figura del rey,
de la religión, es decir los cimientos del antiguo régimen. Y como
el edificio era ahora más frágil porque lo habían debilitado, los
revolucionarios de la época pudieron echarlo abajo en pocos años.
Por supuesto han habido también otras causas a la revolución
francesa.
Los que somos un poco más conscientes de esta manipulación, (un
poco solamente porque todos hemos sido formateados según estos
modelos), tenemos que debilitar este sistema, tenemos el deber de
analizar, explicar y denunciar estas formas de control de nuestras
mentes a través de la televisión que, lo repito, es la herramienta
más eficaz y más peligrosa para nuestra libertad de pensamiento, y
para nuestra libertad a secas. Bajar de su pedestal a la televisión,
a la publicidad, a estos expertos, tiene que ser una acción
imprescindible de los más conscientes (incluyo a los maestros y
profesores que tienen que enseñar a sus alumnos a “leer” un
cartel, una publicidad, un video, un cuento, un discurso, una
tertulia, etc...) si queremos echar abajo este nuevo “antiguo
régimen” en el que vivimos, y para esta tarea debemos por supuesto
utilizar todos los medios a nuestro alcance, entre los cuales, visto
el éxito de los youtubers, creo que los videos en youtube pueden
tener un papel importante. Así que: a despertar nuestra creatividad
y manos a la obra.
Antoine Candelas
miércoles, 29 de junio de 2016
Reflexiones de un maestro de escuela jubilado: el método natural de aprendizaje
Reflexiones de un maestro de escuela jubilado: el método natural
de aprendizaje.
Demasiadas veces nos empeñamos en hacer las cosas al revés, en
empezar la casa por el tejado, en poner el carro delante de los
bueyes, y la educación es un buen ejemplo de ello.
Años de experiencia y sobre todo de práctica docente me han
demostrado que el sentido común no es lo más frecuente en el noble
arte de la pedagogía. Por supuesto que no falta abundante literatura
de eminentes pedagogos, psicólogos, neurólogos, y un largo etc de
“ogos”.
Pero, ¿Se han sabido sacar de todos esos sesudos escritos cuatro
ideas sencillas que permitan llevar a la práctica con eficiencia
esas bellas teorías en beneficio de todos los niños?
“Mira, yo te explico, tu escuchas calladito, y después haces unos
ejercicios para prácticar lo que yo te he enseñado.”
¿Creen de verdad que es así como un pequeño ser humano aprende?
¿Primero la teoría y después la práctica, o primero la práctica
y después la teoría?
Parece lo del huevo y la gallina, pero de la respuesta que se da a
estas preguntas se definen los métodos pedagógicos.
¿Hay que aprender primero solfeo o se empieza a descubrir y amar
la música rasgueando un acorde en una guitarra o aporreando una caja
de detergente? ¿Hay que estudiar primero sintaxis o empezar
escribiendo un poema o una historia, por torpes que parezcan al
principio? ¿Hay que estudiar primero geometría o empezar
construyendo una maqueta con cuatro materiales de recuperación?
Todos hemos visto a un niño trazar algún garabato con lo primero
que deja una huella en una superficie plana. ¿Habrá que detenerle y
pedirle que se espere a que le enseñemos las reglas del dibujo?
Imagináis que a un niño que aprende a andar se le dijera: mira,
primero levantas un poco un pie, lo echas hacia delante y lo posas en
el suelo. Seguidamente mientras tomas apoyo sobre este pie levantas
ligeramente el otro y lo echas a su vez hacia delante...¿Creéis que
muchos niños aprenderían a andar con este método?
¿Cual es el proceso natural que nos permite aprender? Aprender a
andar, a hablar, a leer, o cualquier otra cosa.
Aprendes cuando te enfrentas a un problema que nace de tu curiosidad
o de tu necesidad y que tienes gran interés en resolver.
Y este aprendizaje se hace por un método de ensayo y error que
utiliza aprendizajes anteriores y pone en tensión todas tus
neuronas.
Un método natural de aprendizaje tiende a reproducir de forma
acelerada los pasos que ha dado el homosapiens a lo largo de su
historia.
Para que un niño aprenda, tiene que encontrarse en la situación de
tener que resolver problemas y para eso hay que mantener viva su
curiosidad y dejarle tantear, ensayar y equivocarse, sin adelantarte
a él y darle tus soluciones de adulto antes de tiempo, para que
pueda experimentar el orgullo de haber conseguido él solo lo que se
proponía y así tener ganas de repetir la exitosa experiencia. No
privemos al niño de la alegría de descubrir, no le impidamos
aprender.
Y otra cosa: un sistema educativo no tiene que tener como FIN la
adaptación de la persona al mundo del trabajo. Será más bien lo
contrario: un buen sistema educativo tendrá como CONSECUENCIA que la
persona se integrará fácilmente en el mundo del trabajo. Bastará
con que este sistema educativo fomente la curiosidad, el deseo de
crecer y aprender, aceptando el error como método de aprendizaje,
que fomente la libre expresión, la comunicación y el debate, la
colaboración en las tareas, la solidaridad en vez de la
competitividad, la creatividad en todas sus facetas, el análisis
crítico, el halago como motor de progreso y superación. Una persona
formada en tal sistema educativo sabrá adaptarse y será eficiente
en cualquier trabajo, y además habrá aprendido a pensar y será un
ciudadano libre y responsable.
He comprobado que con un poco de sentido común y un poco de
psicología de andar por casa, se puede construir buena pedagogía,
una pedagogía que fomente la igualdad de oportunidades, el
compañerismo, una pedagogía que no machaque la autoestima, que no
deje rezagado a la mitad del grupo, que respete los intereses y los
tiempos de cada uno, que abra caminos y no los cierre, una pedagogía
universal que valga para todas las épocas y que no haya que cambiar
cuando cambian los tiempos, las modas y las tecnologías.
Lo podemos llamar “método natural” de aprendizaje.
Cuando digo psicología de andar por casa, me refiero a cosas tan
sencillas y obvias como que a nadie le gusta que le repriman, que le
griten, que le castiguen, que le humillen, que le menosprecien, que
se dirijan a él sin respeto, que le toquen sus cosas sin pedirle
permiso, que le obliguen a hacer lo que no le gusta. Todo el mundo
trabaja mejor y progresa cuando se respetan sus sentimientos, sus
ideas, su persona, cuando se le anima, cuando se le dice: “Muy
bien, te has superado, estoy muy orgulloso de ti”...etc...En
resumen, que a nadie le gusta una patada en el culo y que a todo el
mundo le suele gustar una sonrisa y una caricia. Esa es la base de mi
psicología de andar por casa.
El perezoso no existe. Todos trabajamos con agrado cuando hacemos un
trabajo que nos gusta, que hemos decidido libremente emprender y que
tiene un sentido para nosotros.
Dice un refrán francés que no es tirando de las plantas que se las
hace crecer. El equivalente castellano sería: no por mucho madrugar
amanece más temprano.
En educación como en agricultura, se trata de sembrar en el momento
adecuado, de abonar la tierra para que sea fértil, de regar y quitar
alguna mala hierba. Y la vida hace el resto si confias en la
naturaleza que es muy sabia. Si quieres acelerar los procesos
artificialmente, consigues malos productos, productos enfermos.
Salvo casos muy excepcionales, todos los niños aprenden a andar y
más tarde a hablar, sin que ningún pedagogo sesudo intervenga (por
suerte para el niño). De igual manera será capaz de aprender a leer
y de aprender todo lo que desee aprender, si no se le ponen
zancadillas, si se mantiene viva su curiosidad y se respetan sus
tiempos, si se le regaña poco y se le anima mucho.
Cuantas veces he oído decir: “Este niño no tiene el nivel”. ¿De
que hablamos, de niños o de naranjas que tienen que tener un tamaño
estandar?
O : “Este tema ya lo he dado”. ¿Se trata de que tú lo hayas
dado o de que el niño lo haya asimilado?
Organiza el lugar de aprendizaje (que puede ser una escuela con sus
aulas u otra cosa), como una pequeña sociedad de niños que
gestionan su vida y su trabajo de forma cooperativa, con
responsabilidades y reglas de convivencia elaboradas en común, con
planes de actividades (ahora los llaman “proyectos” por eso de
que las palabras, las ideas y las prácticas de la empresa se han
colado en la enseñanza), planes de actividades decididos y
organizados por ellos a partir de sus intereses, en un ambiente de
libre expresión, libre creatividad y análisis crítico, con
comunicación con otros grupos de niños (que con las tecnologías
actuales pueden estar ahora en cualquier parte del mundo) para
intercambiar y compartir experiencias, inventos, descubrimientos,
investigaciones, realizaciones, diarios, revistas, libros y videos de
creación propia, obras diversas, y un largo etc...En la escuela el
alumno tiene que ser un pequeño escritor, un pequeño matemático,
un pequeño investigador, un pequeño biólogo, un pequeño
periodista, un pequeño publicista, un pequeño político... Quiero
decir que tiene que enfrentarse de verdad a los problemas de un
escritor, un matemático, un investigador, un biólogo, un
periodista, un publicista, un político... Una escuela tiene que ser
una colmena bulliciosa llena de actividad, un lugar donde la vida
entra por puertas y ventanas, lugar acogedor y respetuoso de todas
las diversas realidades de sus miembros...
Por supuesto sin largas y pesadas lecciones “tostón”, sin
tarima ni libros de texto (como mucho, los tendremos – de
diferentes editoriales – en la biblioteca como material de
consulta) y sin deberes que no sean voluntarios.
El mejor libro de texto es la vida que nos rodea, el mundo real que
tiene que entrar en la escuela para estudiarlo y comprenderlo, y así
poder cambiarlo si es preciso.
¿El profe? Un animador, un moderador, un igual con más
experiencia, uno más en el grupo, humilde, que es capaz de decir:
eso no lo sé voy a investigarlo, que es capaz de ayudar a canalizar,
organizar y sintetizar la inmensa información que fluye por todos
los lados a través de esas nuevas herramientas tecnológicas de las
que disponemos hoy.
Estos principios pedagógicos de sentido común, que no necesitan
sesudos libros para explicarse, me parece que son aplicables por
cualquier docente suficientemente motivado y creativo, que valen para
todos los niños, todos los lugares, para todas las épocas y todas
las herramientas de cada época: antes, la pluma y el papel, luego la
imprenta, después la tele, el magnetofón, ahora las herramientas
digitales e Internet, y lo que tenga que venir en el futuro...Las
herramientas pueden cambiar, el método es universal porque es el
método natural por el cual la vida hace crecer los vegetales, los
animales y los seres humanos.
Una reforma educativa debería definir primero el método
pedagógico, que implicará nuevas soluciones e inversiones en la
organización material de la escuela, en la formación del
profesorado, en la relación con las familias, y también, claro, el
correspondiente presupuesto que una sociedad avanzada debe dedicar a
la educación de sus hijos. La educación no es un gasto, es una
inversión.
Antoine Candelas
viernes, 27 de mayo de 2016
El
neoliberalismo: una ideología in-humana
Suelo
escuchar algunas tertulias, debates, intervenciones de políticos,
empresarios, también taxistas, vecinos y conversaciones de bar. Y me
llama poderosamente la atención, y me sorprende, y me extraña, y me
irrita ver que son tantos todavía los que defienden esta sociedad
humana ultraliberal, donde el emprendedor y el bróker son los
héroes, cuya religión es la competitividad, una sociedad humana
donde la Bolsa es el templo y el dinero el Dios todopoderoso.
Lo
que me irrita y me indigna es que se considere humana
ese tipo de sociedad, porque sus valores son los de la selva, sus
leyes las de la dura naturaleza: el fuerte, el listo, el más
atrevido, el mejor situado o adaptado sobresalen y sobreviven, y los
débiles, los tímidos, los menos ambiciosos, los que no tienen tanta
suerte “¡que se jodan!”, según la expresión que ha salido de
más de una boca de político o de periodista de derechas (en
realidad era evidente que vía la boca les salía del corazón).
Lo
que me irrita y me entristece más aún es que personas que no
pertenecen a la minoría poderosa que manda en este mundo, sean las
que defiendan más fanáticamente esta ideología, particularmente
con su voto.
Los
valores que sustentan semejante ideología serán todo lo que uno
quiera salvo humanos.
Estos valores no pueden ser los de la humanidad. Sus leyes son las
del mundo vegetal y animal (por cierto con excepciones) pero no
pueden ser las del ser humano. Una sociedad gobernada por la
ideología neoliberal es para mí in-humana.
La
humanidad se ha caracterizado desde sus orígenes por el intento de
superar las leyes de la naturaleza, por el deseo de asegurarse el
techo y el pan con menos esfuerzo y más seguridad, de vivir la vida
sin las incertidumbres, las angustias y los temores del mundo animal.
Para eso inventó la agricultura y la solidaridad, para eso se
estrujaron las neuronas Montesquieu, Rousseau y Voltaire, para eso se
hicieron revoluciones, para eso se crearon sindicatos, para eso se
elaboró la Carta de los Derechos Humanos, para eso se hicieron
guerras también.
Una
minoría, de mente enferma, desde siempre obsesionada por el poder y
la riqueza material, inventó los dioses, el ejército, la monarquía
para imponer unas reglas de organización, unas leyes que sólo le
beneficiaban a ella, intentando siempre someter y esclavizar a la
mayoría crédula y resignada, a menudo asustada, controlada por la
religión y si fuese necesario por la violencia armada de la policía
y el ejército. La ideología dominante en todas las épocas, salvo
honrosos breves periodos, siempre fue la ley de la selva, la ley del
que manda, la ley del más fuerte, que es la que beneficia a esa
minoría poderosa, pero eso sí, sólo a ella.
Yo
digo que para una sociedad humana, mejor una cooperativa solidaria
que una transnacional competitiva y depredadora.
Mejor
unos bienes duraderos y de calidad que respeten y valoren a la
persona que los ha fabricado, que un consumismo alocado de objetos
endebles que se producen masivamente a costa de explotar a los que
los fabrican (entre ellos a muchos niños), consumismo sin sentido
que sólo nos puede llevar al agotamiento de los recursos del planeta
y a su destrucción.
Mejor
una agricultura ecológica y de cercanía que respeta la tierra que
la produce, que una producción intensiva e industrial de cereales,
frutas y verduras modificadas geneticamente en unos campos muertos
biologicamente y sólo productivos a base de química. Esto vale
también para la ganadería y la pesca.
Mejor
una multitud de pequeñas comunidades respetuosas unas con otras
conviviendo en paz con sus identidades y sus diferencias, que una
globalización, una mundialización violenta y depredadora que
destroza todo lo que abraza, que provoca guerras y arruina y
esclaviza a miles de millones de seres humanos.
Mejor
un Estado fuerte con capacidad para proteger a los más débiles y
mantener a raya a un Mercado al que vemos ahora que no se le pueden
dejar las manos libres. Es decir mejor que la economía esté al
servicio de las personas que no las personas al servicio de la
economía. “Lo
humano primero”
podía leerse en los carteles electorales del Front de Gauche
francés.
Mejor
que la educación, la sanidad, el agua, la energía, los transportes,
la banca, las costas y unas cuantas cosas más sean propiedad
pública, es decir de todos para el servicio de todos, que propiedad
privada para beneficio de unos pocos. De hecho pienso que el derecho
a la propiedad privada debería tener serias limitaciones.
Y
para todo eso, mejor una democracia real y participativa, formada por
ciudadanos educados e informados, que esas dictaduras
seudodemocráticas que gobiernan hoy en día a nuestros pueblos
adormecidos y embrutecidos por la televisión, el pensamiento único
y la propaganda.
Lo
repito, el capitalismo neoliberal es una ideología in-humana.
Podemos
vivir y convivir en paz, ser felices en este planeta de otra forma.
Si
se quiere, se debería poder.¡Sí,
se puede!
Antoine
Candelas .
Desencanto
y desamor
La
agresividad y las mentiras de los poderes y de los medios de
comunicación hacia Podemos – son bolivarianos, los financian
Venezuela e Irán, están divididos, sólo piensan en sillones, no
quieren pactar, votan con el PP, Pablo Iglesias es un chulo agresivo,
quieren ir a elecciones...etc...- cala en ciertos votantes de
Podemos, les provoca un fuerte desencanto y eso lo compruebo a mi
alrededor, hablando con algunos amigos y familiares cercanos, a los
que vi votar el 20D con una gran ilusión. Ahora son muy críticos,
repiten los argumentos falaces que oyen en los medios, incluso noto
sentimientos de rechazo y de odio hacia el partido que adoraban
cuatro días antes.
Y la
pregunta que me hago es: ¿Cómo se puede pasar de la adhesión
entusiasta a la crítica dura en tan poco tiempo?
No se me
ocurre otra forma de explicarme esto que comparando esta actitud con
el estado de enamoramiento.
El
enamoramiento es un estado muy peculiar del ser humano, que se podrá
calificar, según como se mire, de maravilloso o de gilipollas, pero
en todo caso, un estado muy especial que puede llevarnos al éxtasis
y al misticismo, un estado en el que podemos pasar horas y días
abrazados, tocando el cielo, flotando en una nube.
En
estado de enamoramiento, el objeto de nuestro enamoramiento, el
objeto amado, se percibe como perfecto, puro, maravilloso, sin la
sombra de un defecto, idealizado. Lógicamente, para tener esta
percepción se tiene que mitificar el objeto amado atribuyéndole
unas infinitas cualidades que objetivamente no puede tener.
Y esto
seguirá siendo así mientras dure el hechizo, hasta que el mito
caiga de su pedestal.
Eso
suele llegar, más pronto o más tarde, cuando se aterriza en la
realidad de la vida, el trabajo, los problemas cotidianos, el tubo de
pasta dentífrica compartido, las tareas imprescindibles de la casa,
las suegras, los primeros conflictos, las pantuflas y los bigoudis.
Cuando el tiempo pone las cosas en su justo sitio, poco a poco el
enamoramiento se diluye, dejando sitio a otro sentimiento. Los ojos
se abren, el mito desaparece, y a partir de ahí se presentan dos
posibles situaciones, se experimentan dos posibles sentimientos:
El primer
sentimiento, el más lógico y por suerte el más frecuente,
reconocerá que el objeto amado, con sus cualidades y defectos, sigue
mereciendo que andemos a su lado de la mano, en un compromiso de
compañerismo lúcido, en la salud y la enfermedad como dice el cura.
El
segundo, será un sentimiento de odio (que no es sino el sentimiento
simétrico del amor). Nos sentiremos traicionados, engañados,
estafados. Toda la culpa será del objeto antes adorado, que se había
disfrazado para seducirnos y ahora nos aparece en toda su cruda
verdad. Y odiaremos, con tanta o más fuerza con la que habíamos
amado.
Pienso
que algo parecido, ese desencanto – desamor - es lo que les pasa a
ciertas personas con respecto a Podemos, que ahora no son capaces de
ver, que con sus pequeños defectillos, con algún que otro error,
tropezando a veces al andar, Podemos sigue siendo la mejor y la única
herramienta para el cambio en este país, para la defensa de su
gente.
Nos toca
convencer a la gente desencantada de eso último.
Antoine
Candelas
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