jueves, 9 de marzo de 2017

El sistema formatea nuestras mentes

El sistema formatea nuestras mentes desde la infancia

“Si no estáis vigilantes, los medios de comunicación conseguirán que detestéis a los oprimidos y que améis a los que los oprimen” (Malcolm X)

Preguntándome porque algunos amigos míos me dicen: yo no votaría a Pablo Iglesias. ¿Por qué les es más fácil votar a Rajoy que a Pablo Iglesias?
¿Por qué a ciudadanos normales y corrientes como yo, de clase humilde, les caen mejor Rajoy o Susana Díaz que Pablo Iglesias?
¿Será porque periodistas y tertulianos nos manipulan?
En parte sí, pero pensándolo mejor, hay más causas y seguramente razones más profundas.
Si tuviese que dar una sola causa diría que la televisión tiene mucho que ver. Pero la televisión tomada en su sentido más global, desde los programas para niños hasta la publicidad, pasando por los informativos, las tertulias, los juegos y hasta los deportes.
¿Pero qué relación puede haber entre un dibujo animado para niños o una publicidad para un coche y la percepción que tenemos de tal o cual candidato a unas elecciones?
Se podría pensar que sólo hay manipulación, formateo de las mentes, condicionamiento de las personas, cuando vivimos en una sociedad autoritaria, una dictadura.
Pero en las sociedades “democráticas”, que son de facto dictaduras suaves, estamos sometidos también a un ferreo control social, y eso, desde nuestra más tierna infancia. Por ejemplo cuando somos niños nos enseñan a identificar lo que es conforme a las normas (¿qué normas?) y lo que no lo es, nos impregnan de prejuicios, por ejemplo prejuicios sexistas: azul para los niños, rosa para las niñas, los hombres hacen bricolaje y las mujeres limpian la casa. Prejuicios raciales: recordad estos estudios repetidos en diversas épocas donde se presenta a niños una imagen de un niño blanco y otra de un niño negro y se les pregunta sobre quién es guapo o feo, quién es bueno o malo, con quién se identifican, y resulta que niños negros se identifican con el niño blanco. Vamos a recibir lecciones morales: te paseas con tus padres por la calle y pasando delante de una obra te pueden decir: si no trabajas bien en el cole tendrás callos en las manos como este peon de albañil, y pasarás frío o calor.
Te enseñan lo que está bien y lo que está mal, lo correcto y lo incorrecto, el respeto a la autoridad, a las reglas, la virtud de la competición, del camino que conduce al éxito, se establece una jerarquía entre los oficios, entre las asignaturas escolares, entre hombres y mujeres, entre las razas. Estamos sometidos desde la infancia a estos juicios de valores, a estos condicionamientos que conformarán nuestro comportamiento futuro.
Y ahí llega la publicidad. Se ha estudiado que estamos bombardeados por unos 3000 estímulos publicitarios al día. Y los cuentos, dibujos animados, príncipes y princesas, que consideramos virtuosos por su belleza, su estatus social, y más tarde los ídolos del fútbol, y el amor romántico. Todo va siempre en la misma dirección para empaparnos de la ideología dominante.
Y todo esto va a conformar un imaginario a la vez colectivo e individual que nos empujará a marginalizar ciertas personas, por su estatus social, por su corportamiento, por sus ideas, por su forma de vestir o de peinarse, por su raza, por su religión, porque no están de moda, y al contrario tenderemos a apreciar otras que serán conformes a este formateo al que hemos estado sometidos.
Esta es la idea: la conformidad con un modelo dominante, con un tipo de organización social que se nos presenta como universal, sin opción de imaginar y aceptar otro. Eres conforme al modelo del sistema o eres antisistema (y la “música”, el tono que se le pone a esta palabra llevará una carga emocional despectiva, de reprobación, de peligro, y más aún si le añadimos el adjetivo “populista”), con lo cual a una mayoría no le apetecera ser antisistema.
La televisión nos transmite todo esto amplificándolo, y esto nos lleva a aceptar más facilmente determinados discursos, valores, y a rechazar otros. Y uno de los medios más potentes para configurar estos comportamientos es justamente la publicidad.
¿Que relación hay entre estos spots publicitarios con los que nos bombardean y la política? Pues hay mucha: mirad estas publicidades de coches, de cosméticos, etc...El mensaje de estas publicidades no es nunca neutro, siempre es un mensaje conforme a esta sociedad de consumo que nos empuja a acumular, acumular objetos, que despierta y alaba el espíritu de posesión, de propiedad, de competición y siempre con esta idea de moda que tenemos que seguir. Es pura ideología política lo que nos transmite la publicidad. Y es muy insidiosa, silenciosa, se te mete en la cabeza y te persigue hasta en la cama, sin que te des cuenta, porque siempre hay detrás este control colectivo que opera, aunque sólo fuera a través del espejo que es la mirada de los demás, de estos otros que han sido ellos también formateados de la misma manera. Con lo cual este control es más eficaz aún que en una dictadura, puesto que no se necesitan siquiera fuerzas represivas, los carceleros somos nosotros mismos. Mirad un chaval en un instituto, si no tiene las mismas deportivas y de la misma marca que sus compañeros se encontrará marginalizado de facto. De hecho un chico que no puede comprarse una determinada marca porque su familia no puede asumir este gasto, le pedirá a su madre que le cosa un logotipo de Nike en su camiseta. Pensemos en una de las últimas publicidades de coches: “Mi padre tiene esto, y esto,...¿y el tuyo qué tiene? - el mío tiene wifi...” O esta otra: “¿Pero no te puedes permitir un Opel?” O “no seas tonta, compra Chanel que tú te lo mereces”.
No hay forma de escapar, aunque uno tenga una postura crítica hacia la publicidad, el grupo te obliga a entrar en el molde para no sentirte excluído, humillado, etc...y puedes observar el resultado en ti mismo en cuanto pisas un hipermercado o pasas delante de un escaparate. El ser humano es un ser social y hará todo para ser aceptado por sus semejantes e integrarse en la manada.
Vemos pues como la publicidad entra sin que nos demos cuenta en nuestras vidas y como está fuertemente cargada de una determinada ideología política. Y no sólo la publicidad, todo lo que difunde la televisión participa de este formateo ideológico: informativos, películas, tertulias, juegos, deportes, etc...
Y en cuanto a la política, manipulados por los “expertos”, los curas mediáticos, terminaremos actuando según sus deseos, que no son otros que los deseos de los poderosos de este planeta, y votaremos como ellos quieren, a quién ellos prefieren, convencidos de que votamos “libremente”.
¿Por qué estos “expertos” esos curas mediáticos tienen tanto poder de condicionamiento sobre nosotros?
Hay varias razones a esto. Ahí van tres:
- primero está una “violencia simbólica” que se expresa a través de estos expertos, quiero decir que estaremos más influenciados por el que lleva traje y corbata, que se expresa con un lenguaje más elaborado, con más convicción, o que se presenta con un título universitario rimbombante. Pensaremos que tiene la ciencia infusa y le concederemos mucha credibilidad.
- segundo, estos expertos están en sintonía con la ideología dominante, es decir la que hemos mamado. Podemos observar que son siempre los mismos que se pasean de una televisión a la otra (si siempre son ellos será que son los que más saben), como si no hubiera en el país multitud de periodistas y universitarios tan o más preparados que estos, que podrían expresar y desarrollar ideas y opiniones alternativas.
- tercero, escuchar a estos expertos nos dispensa de pensar. Piensan por nosotros. Nosotros estamos cansados, bien calados en nuestros sofás cual vegetales, predispuestos a tragarnos estas ideas predigeridas que nos machacan. Nos quedamos también en una situación pasiva y dócil frente a los sermones de unos periodistas que nos transmiten a través de unas “informaciones” el mensaje de que ellos representan y hablan en nombre de los ciudadanos “normales”, el mensaje de un pensamiento único que nos venden como universal e insustituible.
Cuando estos curas mediáticos se dirigen o entrevistan a un político, su actitud hacia él no será la misma según de quién se trate, según que represente el orden social dominante (la mayoría de los entrevistados del PP, PSOE o C's) o un peligroso antisistema, y nosotros, observando esta actitud, vamos a interiorizar una cosa o la otra en función de si este político pertenece a la comunidad de creyentes normalizados que nos han metido en vena o es un herético.
Si este control, este formateo de las mentes, esta manipulación, este condicionamiento funcionan como lo describo aquí, y si pretendemos cambiar el sistema, es imprescindible desmitificar estos spots publicitarios, estos “expertos”, contestar su poder, bajar de su pedestal a esta televisión que es la herramienta más peligrosa y dañina para nuestra libertad de pensamiento. Tenemos que analizar, desmontar, explicar, denunciar estos procesos de manipulación. Pensemos en la revolución francesa por ejemplo: fue posible porque antes unos pensadores ilustrados en el siglo de las luces habían hecho un trabajo preparatorio en las mentes de las personas de su tiempo: criticaron, desacralizaron la figura del rey, de la religión, es decir los cimientos del antiguo régimen. Y como el edificio era ahora más frágil porque lo habían debilitado, los revolucionarios de la época pudieron echarlo abajo en pocos años. Por supuesto han habido también otras causas a la revolución francesa.
Los que somos un poco más conscientes de esta manipulación, (un poco solamente porque todos hemos sido formateados según estos modelos), tenemos que debilitar este sistema, tenemos el deber de analizar, explicar y denunciar estas formas de control de nuestras mentes a través de la televisión que, lo repito, es la herramienta más eficaz y más peligrosa para nuestra libertad de pensamiento, y para nuestra libertad a secas. Bajar de su pedestal a la televisión, a la publicidad, a estos expertos, tiene que ser una acción imprescindible de los más conscientes (incluyo a los maestros y profesores que tienen que enseñar a sus alumnos a “leer” un cartel, una publicidad, un video, un cuento, un discurso, una tertulia, etc...) si queremos echar abajo este nuevo “antiguo régimen” en el que vivimos, y para esta tarea debemos por supuesto utilizar todos los medios a nuestro alcance, entre los cuales, visto el éxito de los youtubers, creo que los videos en youtube pueden tener un papel importante. Así que: a despertar nuestra creatividad y manos a la obra.

Antoine Candelas


Antoine Candelas - Somos los trabajadores

miércoles, 29 de junio de 2016

Reflexiones de un maestro de escuela jubilado: el método natural de aprendizaje

Reflexiones de un maestro de escuela jubilado: el método natural de aprendizaje.

Demasiadas veces nos empeñamos en hacer las cosas al revés, en empezar la casa por el tejado, en poner el carro delante de los bueyes, y la educación es un buen ejemplo de ello.
Años de experiencia y sobre todo de práctica docente me han demostrado que el sentido común no es lo más frecuente en el noble arte de la pedagogía. Por supuesto que no falta abundante literatura de eminentes pedagogos, psicólogos, neurólogos, y un largo etc de “ogos”.
Pero, ¿Se han sabido sacar de todos esos sesudos escritos cuatro ideas sencillas que permitan llevar a la práctica con eficiencia esas bellas teorías en beneficio de todos los niños?

“Mira, yo te explico, tu escuchas calladito, y después haces unos ejercicios para prácticar lo que yo te he enseñado.”
¿Creen de verdad que es así como un pequeño ser humano aprende? ¿Primero la teoría y después la práctica, o primero la práctica y después la teoría?
Parece lo del huevo y la gallina, pero de la respuesta que se da a estas preguntas se definen los métodos pedagógicos.
¿Hay que aprender primero solfeo o se empieza a descubrir y amar la música rasgueando un acorde en una guitarra o aporreando una caja de detergente? ¿Hay que estudiar primero sintaxis o empezar escribiendo un poema o una historia, por torpes que parezcan al principio? ¿Hay que estudiar primero geometría o empezar construyendo una maqueta con cuatro materiales de recuperación?
Todos hemos visto a un niño trazar algún garabato con lo primero que deja una huella en una superficie plana. ¿Habrá que detenerle y pedirle que se espere a que le enseñemos las reglas del dibujo?
Imagináis que a un niño que aprende a andar se le dijera: mira, primero levantas un poco un pie, lo echas hacia delante y lo posas en el suelo. Seguidamente mientras tomas apoyo sobre este pie levantas ligeramente el otro y lo echas a su vez hacia delante...¿Creéis que muchos niños aprenderían a andar con este método?
¿Cual es el proceso natural que nos permite aprender? Aprender a andar, a hablar, a leer, o cualquier otra cosa.
Aprendes cuando te enfrentas a un problema que nace de tu curiosidad o de tu necesidad y que tienes gran interés en resolver.
Y este aprendizaje se hace por un método de ensayo y error que utiliza aprendizajes anteriores y pone en tensión todas tus neuronas.
Un método natural de aprendizaje tiende a reproducir de forma acelerada los pasos que ha dado el homosapiens a lo largo de su historia.

Para que un niño aprenda, tiene que encontrarse en la situación de tener que resolver problemas y para eso hay que mantener viva su curiosidad y dejarle tantear, ensayar y equivocarse, sin adelantarte a él y darle tus soluciones de adulto antes de tiempo, para que pueda experimentar el orgullo de haber conseguido él solo lo que se proponía y así tener ganas de repetir la exitosa experiencia. No privemos al niño de la alegría de descubrir, no le impidamos aprender.

Y otra cosa: un sistema educativo no tiene que tener como FIN la adaptación de la persona al mundo del trabajo. Será más bien lo contrario: un buen sistema educativo tendrá como CONSECUENCIA que la persona se integrará fácilmente en el mundo del trabajo. Bastará con que este sistema educativo fomente la curiosidad, el deseo de crecer y aprender, aceptando el error como método de aprendizaje, que fomente la libre expresión, la comunicación y el debate, la colaboración en las tareas, la solidaridad en vez de la competitividad, la creatividad en todas sus facetas, el análisis crítico, el halago como motor de progreso y superación. Una persona formada en tal sistema educativo sabrá adaptarse y será eficiente en cualquier trabajo, y además habrá aprendido a pensar y será un ciudadano libre y responsable.

He comprobado que con un poco de sentido común y un poco de psicología de andar por casa, se puede construir buena pedagogía, una pedagogía que fomente la igualdad de oportunidades, el compañerismo, una pedagogía que no machaque la autoestima, que no deje rezagado a la mitad del grupo, que respete los intereses y los tiempos de cada uno, que abra caminos y no los cierre, una pedagogía universal que valga para todas las épocas y que no haya que cambiar cuando cambian los tiempos, las modas y las tecnologías.
Lo podemos llamar “método natural” de aprendizaje.
Cuando digo psicología de andar por casa, me refiero a cosas tan sencillas y obvias como que a nadie le gusta que le repriman, que le griten, que le castiguen, que le humillen, que le menosprecien, que se dirijan a él sin respeto, que le toquen sus cosas sin pedirle permiso, que le obliguen a hacer lo que no le gusta. Todo el mundo trabaja mejor y progresa cuando se respetan sus sentimientos, sus ideas, su persona, cuando se le anima, cuando se le dice: “Muy bien, te has superado, estoy muy orgulloso de ti”...etc...En resumen, que a nadie le gusta una patada en el culo y que a todo el mundo le suele gustar una sonrisa y una caricia. Esa es la base de mi psicología de andar por casa.
El perezoso no existe. Todos trabajamos con agrado cuando hacemos un trabajo que nos gusta, que hemos decidido libremente emprender y que tiene un sentido para nosotros.

Dice un refrán francés que no es tirando de las plantas que se las hace crecer. El equivalente castellano sería: no por mucho madrugar amanece más temprano.
En educación como en agricultura, se trata de sembrar en el momento adecuado, de abonar la tierra para que sea fértil, de regar y quitar alguna mala hierba. Y la vida hace el resto si confias en la naturaleza que es muy sabia. Si quieres acelerar los procesos artificialmente, consigues malos productos, productos enfermos.
Salvo casos muy excepcionales, todos los niños aprenden a andar y más tarde a hablar, sin que ningún pedagogo sesudo intervenga (por suerte para el niño). De igual manera será capaz de aprender a leer y de aprender todo lo que desee aprender, si no se le ponen zancadillas, si se mantiene viva su curiosidad y se respetan sus tiempos, si se le regaña poco y se le anima mucho.
Cuantas veces he oído decir: “Este niño no tiene el nivel”. ¿De que hablamos, de niños o de naranjas que tienen que tener un tamaño estandar?
O : “Este tema ya lo he dado”. ¿Se trata de que tú lo hayas dado o de que el niño lo haya asimilado?

Organiza el lugar de aprendizaje (que puede ser una escuela con sus aulas u otra cosa), como una pequeña sociedad de niños que gestionan su vida y su trabajo de forma cooperativa, con responsabilidades y reglas de convivencia elaboradas en común, con planes de actividades (ahora los llaman “proyectos” por eso de que las palabras, las ideas y las prácticas de la empresa se han colado en la enseñanza), planes de actividades decididos y organizados por ellos a partir de sus intereses, en un ambiente de libre expresión, libre creatividad y análisis crítico, con comunicación con otros grupos de niños (que con las tecnologías actuales pueden estar ahora en cualquier parte del mundo) para intercambiar y compartir experiencias, inventos, descubrimientos, investigaciones, realizaciones, diarios, revistas, libros y videos de creación propia, obras diversas, y un largo etc...En la escuela el alumno tiene que ser un pequeño escritor, un pequeño matemático, un pequeño investigador, un pequeño biólogo, un pequeño periodista, un pequeño publicista, un pequeño político... Quiero decir que tiene que enfrentarse de verdad a los problemas de un escritor, un matemático, un investigador, un biólogo, un periodista, un publicista, un político... Una escuela tiene que ser una colmena bulliciosa llena de actividad, un lugar donde la vida entra por puertas y ventanas, lugar acogedor y respetuoso de todas las diversas realidades de sus miembros...

Por supuesto sin largas y pesadas lecciones “tostón”, sin tarima ni libros de texto (como mucho, los tendremos – de diferentes editoriales – en la biblioteca como material de consulta) y sin deberes que no sean voluntarios.
El mejor libro de texto es la vida que nos rodea, el mundo real que tiene que entrar en la escuela para estudiarlo y comprenderlo, y así poder cambiarlo si es preciso.

¿El profe? Un animador, un moderador, un igual con más experiencia, uno más en el grupo, humilde, que es capaz de decir: eso no lo sé voy a investigarlo, que es capaz de ayudar a canalizar, organizar y sintetizar la inmensa información que fluye por todos los lados a través de esas nuevas herramientas tecnológicas de las que disponemos hoy.

Estos principios pedagógicos de sentido común, que no necesitan sesudos libros para explicarse, me parece que son aplicables por cualquier docente suficientemente motivado y creativo, que valen para todos los niños, todos los lugares, para todas las épocas y todas las herramientas de cada época: antes, la pluma y el papel, luego la imprenta, después la tele, el magnetofón, ahora las herramientas digitales e Internet, y lo que tenga que venir en el futuro...Las herramientas pueden cambiar, el método es universal porque es el método natural por el cual la vida hace crecer los vegetales, los animales y los seres humanos.

Una reforma educativa debería definir primero el método pedagógico, que implicará nuevas soluciones e inversiones en la organización material de la escuela, en la formación del profesorado, en la relación con las familias, y también, claro, el correspondiente presupuesto que una sociedad avanzada debe dedicar a la educación de sus hijos. La educación no es un gasto, es una inversión.


Antoine Candelas

viernes, 27 de mayo de 2016

El neoliberalismo: una ideología in-humana
Suelo escuchar algunas tertulias, debates, intervenciones de políticos, empresarios, también taxistas, vecinos y conversaciones de bar. Y me llama poderosamente la atención, y me sorprende, y me extraña, y me irrita ver que son tantos todavía los que defienden esta sociedad humana ultraliberal, donde el emprendedor y el bróker son los héroes, cuya religión es la competitividad, una sociedad humana donde la Bolsa es el templo y el dinero el Dios todopoderoso.
Lo que me irrita y me indigna es que se considere humana ese tipo de sociedad, porque sus valores son los de la selva, sus leyes las de la dura naturaleza: el fuerte, el listo, el más atrevido, el mejor situado o adaptado sobresalen y sobreviven, y los débiles, los tímidos, los menos ambiciosos, los que no tienen tanta suerte “¡que se jodan!”, según la expresión que ha salido de más de una boca de político o de periodista de derechas (en realidad era evidente que vía la boca les salía del corazón).
Lo que me irrita y me entristece más aún es que personas que no pertenecen a la minoría poderosa que manda en este mundo, sean las que defiendan más fanáticamente esta ideología, particularmente con su voto.
Los valores que sustentan semejante ideología serán todo lo que uno quiera salvo humanos. Estos valores no pueden ser los de la humanidad. Sus leyes son las del mundo vegetal y animal (por cierto con excepciones) pero no pueden ser las del ser humano. Una sociedad gobernada por la ideología neoliberal es para mí in-humana.
La humanidad se ha caracterizado desde sus orígenes por el intento de superar las leyes de la naturaleza, por el deseo de asegurarse el techo y el pan con menos esfuerzo y más seguridad, de vivir la vida sin las incertidumbres, las angustias y los temores del mundo animal. Para eso inventó la agricultura y la solidaridad, para eso se estrujaron las neuronas Montesquieu, Rousseau y Voltaire, para eso se hicieron revoluciones, para eso se crearon sindicatos, para eso se elaboró la Carta de los Derechos Humanos, para eso se hicieron guerras también.
Una minoría, de mente enferma, desde siempre obsesionada por el poder y la riqueza material, inventó los dioses, el ejército, la monarquía para imponer unas reglas de organización, unas leyes que sólo le beneficiaban a ella, intentando siempre someter y esclavizar a la mayoría crédula y resignada, a menudo asustada, controlada por la religión y si fuese necesario por la violencia armada de la policía y el ejército. La ideología dominante en todas las épocas, salvo honrosos breves periodos, siempre fue la ley de la selva, la ley del que manda, la ley del más fuerte, que es la que beneficia a esa minoría poderosa, pero eso sí, sólo a ella.
Yo digo que para una sociedad humana, mejor una cooperativa solidaria que una transnacional competitiva y depredadora.
Mejor unos bienes duraderos y de calidad que respeten y valoren a la persona que los ha fabricado, que un consumismo alocado de objetos endebles que se producen masivamente a costa de explotar a los que los fabrican (entre ellos a muchos niños), consumismo sin sentido que sólo nos puede llevar al agotamiento de los recursos del planeta y a su destrucción.
Mejor una agricultura ecológica y de cercanía que respeta la tierra que la produce, que una producción intensiva e industrial de cereales, frutas y verduras modificadas geneticamente en unos campos muertos biologicamente y sólo productivos a base de química. Esto vale también para la ganadería y la pesca.
Mejor una multitud de pequeñas comunidades respetuosas unas con otras conviviendo en paz con sus identidades y sus diferencias, que una globalización, una mundialización violenta y depredadora que destroza todo lo que abraza, que provoca guerras y arruina y esclaviza a miles de millones de seres humanos.
Mejor un Estado fuerte con capacidad para proteger a los más débiles y mantener a raya a un Mercado al que vemos ahora que no se le pueden dejar las manos libres. Es decir mejor que la economía esté al servicio de las personas que no las personas al servicio de la economía. “Lo humano primero” podía leerse en los carteles electorales del Front de Gauche francés.
Mejor que la educación, la sanidad, el agua, la energía, los transportes, la banca, las costas y unas cuantas cosas más sean propiedad pública, es decir de todos para el servicio de todos, que propiedad privada para beneficio de unos pocos. De hecho pienso que el derecho a la propiedad privada debería tener serias limitaciones.
Y para todo eso, mejor una democracia real y participativa, formada por ciudadanos educados e informados, que esas dictaduras seudodemocráticas que gobiernan hoy en día a nuestros pueblos adormecidos y embrutecidos por la televisión, el pensamiento único y la propaganda.
Lo repito, el capitalismo neoliberal es una ideología in-humana.
Podemos vivir y convivir en paz, ser felices en este planeta de otra forma.
Si se quiere, se debería poder.¡Sí, se puede!
Antoine Candelas .



Desencanto y desamor

La agresividad y las mentiras de los poderes y de los medios de comunicación hacia Podemos – son bolivarianos, los financian Venezuela e Irán, están divididos, sólo piensan en sillones, no quieren pactar, votan con el PP, Pablo Iglesias es un chulo agresivo, quieren ir a elecciones...etc...- cala en ciertos votantes de Podemos, les provoca un fuerte desencanto y eso lo compruebo a mi alrededor, hablando con algunos amigos y familiares cercanos, a los que vi votar el 20D con una gran ilusión. Ahora son muy críticos, repiten los argumentos falaces que oyen en los medios, incluso noto sentimientos de rechazo y de odio hacia el partido que adoraban cuatro días antes.
Y la pregunta que me hago es: ¿Cómo se puede pasar de la adhesión entusiasta a la crítica dura en tan poco tiempo?

No se me ocurre otra forma de explicarme esto que comparando esta actitud con el estado de enamoramiento.
El enamoramiento es un estado muy peculiar del ser humano, que se podrá calificar, según como se mire, de maravilloso o de gilipollas, pero en todo caso, un estado muy especial que puede llevarnos al éxtasis y al misticismo, un estado en el que podemos pasar horas y días abrazados, tocando el cielo, flotando en una nube.
En estado de enamoramiento, el objeto de nuestro enamoramiento, el objeto amado, se percibe como perfecto, puro, maravilloso, sin la sombra de un defecto, idealizado. Lógicamente, para tener esta percepción se tiene que mitificar el objeto amado atribuyéndole unas infinitas cualidades que objetivamente no puede tener.
Y esto seguirá siendo así mientras dure el hechizo, hasta que el mito caiga de su pedestal.
Eso suele llegar, más pronto o más tarde, cuando se aterriza en la realidad de la vida, el trabajo, los problemas cotidianos, el tubo de pasta dentífrica compartido, las tareas imprescindibles de la casa, las suegras, los primeros conflictos, las pantuflas y los bigoudis. Cuando el tiempo pone las cosas en su justo sitio, poco a poco el enamoramiento se diluye, dejando sitio a otro sentimiento. Los ojos se abren, el mito desaparece, y a partir de ahí se presentan dos posibles situaciones, se experimentan dos posibles sentimientos:
El primer sentimiento, el más lógico y por suerte el más frecuente, reconocerá que el objeto amado, con sus cualidades y defectos, sigue mereciendo que andemos a su lado de la mano, en un compromiso de compañerismo lúcido, en la salud y la enfermedad como dice el cura.
El segundo, será un sentimiento de odio (que no es sino el sentimiento simétrico del amor). Nos sentiremos traicionados, engañados, estafados. Toda la culpa será del objeto antes adorado, que se había disfrazado para seducirnos y ahora nos aparece en toda su cruda verdad. Y odiaremos, con tanta o más fuerza con la que habíamos amado.

Pienso que algo parecido, ese desencanto – desamor - es lo que les pasa a ciertas personas con respecto a Podemos, que ahora no son capaces de ver, que con sus pequeños defectillos, con algún que otro error, tropezando a veces al andar, Podemos sigue siendo la mejor y la única herramienta para el cambio en este país, para la defensa de su gente.
Nos toca convencer a la gente desencantada de eso último.

Antoine Candelas



Los mayores (canción de apoyo a la campaña de Podemos)