lunes, 19 de abril de 2010
Preguntas ingenuas
El PP será implacable con la corrupción
Qué socorrido es el futuro, aunque sea tiempo del indicativo, es tan elástico que no te compromete casi a nada. Sería de agradecer que el señor Rajoy pusiera fecha a este futuro, fecha a poder ser más próxima que las calendas griegas. A día de hoy no le hemos visto hacer esfuerzos desesperados para que se investiguen con celeridad los casos que implican a miembros de su partido.
Por una españa laica y tolerante
Por una España laica y tolerante
Observo que vuelve últimamente con fuerza un catolicismo rancio y trasnochado, cuyas recientes manifestaciones (y las futuras anunciadas) contra la ley del aborto, las campañas propagandísticas demagógicas y los apoyos que reciben, me tienen bastante preocupado.
Que a estas alturas del siglo XXI, haya en España una institución religiosa, y lo que es más grave, un partido político con aspiraciones a gobernar, que confunden vida biológica con vida humana, que niegan a la mujer un derecho tan elemental como el derecho a disponer libremente de su propio cuerpo, que no parecen preocupados por el número tan elevado de abortos de adolescentes y que no admiten que algo hay que hacer para reducirlo, y en particular una educación sexual sin dogmas ni moralismos. Todo eso tiene que convencernos aún más de que sólo un estado laico puede garantizar una convivencia basada en la libertad, el respeto y la tolerancia.
Llevo 24 años viviendo en España y he asistido al salto hacia el progreso y hacia el futuro que ha dado este país gracias a las políticas de los gobiernos socialistas de esta llamada transición, pero también y sobretodo gracias a las ganas que tenía este pueblo de romper con un pasado de represiones y tiranías y de fundirse en la Europa de sus vecinos y semejantes.
Pero también asisto a la permanencia de un franquismo que algunos intentan aún justificar falseando la historia y la biografía de sus protagonistas, persiguiendo al juez que intenta hacer justicia, a la presencia de un partido de derechas agresivo en el seno del cual conviven por lo menos tres tendencias sometidas a la presión de la más extrema y radical de entre ellas, apoyada por unos medios de comunicación mentirosos y manipuladores, y también por una Iglesia Católica cuyos líderes se niegan a reconocer la evolución de una sociedad plural que aspira a vivir en paz y libertad.
viernes, 19 de marzo de 2010
La huella de Jean Jaurès
domingo, 14 de marzo de 2010
Pisa donde quieras...No pises mis pies
Observo que vuelve últimamente con fuerza un catolicismo rancio y trasnochado, cuyas recientes manifestaciones (y las futuras anunciadas) contra la ley del aborto, las campañas propagandísticas demagógicas y los apoyos que reciben, me tienen bastante preocupado.
Que a estas alturas del siglo XXI, haya en España una institución religiosa, y lo que es más grave, un partido político con aspiraciones a gobernar, que confunden vida biológica con vida humana, que niegan a la mujer un derecho tan elemental como el derecho a disponer libremente de su propio cuerpo, que no parecen preocupados por el número tan elevado de abortos de adolescentes y que no admiten que algo hay que hacer para reducirlo, y en particular una educación sexual sin dogmas ni moralismos. Todo eso tiene que convencernos aún más de que sólo un estado laico puede garantizar una convivencia basada en la libertad, el respeto y la tolerancia.
Llevo 24 años viviendo en España y he asistido al salto hacia el progreso y hacia el futuro que ha dado este país gracias a las políticas de los gobiernos socialistas de esta llamada transición, pero también y sobretodo gracias a las ganas que tenía este pueblo de romper con un pasado de represiones y tiranías y de fundirse en la Europa de sus vecinos y semejantes.
Pero también asisto a la permanencia de un franquismo que algunos intentan aún justificar falseando la historia y la biografía de sus protagonistas, persiguiendo al juez que intenta hacer justicia, a la presencia de un partido de derechas agresivo en el seno del cual conviven por lo menos tres tendencias sometidas a la presión de la más extrema y radical de entre ellas, apoyada por unos medios de comunicación mentirosos y manipuladores, y también por una Iglesia Católica cuyos líderes se niegan a reconocer la evolución de una sociedad plural que aspira a vivir en paz y libertad.
Por todo eso vengo a aportar mi granito de arena en el camino hacia la laicidad y la tolerancia, con el medio de expresión que tengo a mi alcance: musicar algunos versos para ver si algún oído amigo por ahí los recibe y los hace circular por su entorno.
Salud y amor……y ¿por qué no?......República.
Ahí va el enlace para escuchar “Pisa donde quieras…No pises mis pies”
en Youtube: http://www.youtube.com/watch?v=oEg1raeHjrY&feature=channel
El Jubilado de Moratalaz.
domingo, 29 de marzo de 2009
domingo, 8 de marzo de 2009
Un artículo de J.C.Rodríguez Ibarra me hace recordar
Hace ya unos días leí un artículo de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, titulado “La crisis y la Universidad”, y algunas de las cosas que dice reavivaron en mí recuerdos ya lejanos. Por ejemplo, cuando el señor Ibarra imagina a un profesor del siglo XIX entrando hoy en un aula. Este profesor no tiene duda de que está en una clase, puesto que hay alumnos sentados en fila en sus pupitres, un encerado y tizas, un libro de texto sobre su mesa en la tarima. Ese profesor no se siente extraño en un primer momento, y sólo se sorprende cuando sus alumnos del siglo XXI le hacen determinadas preguntas.
Me veo a finales de los años 40, sentado en mi pupitre, en la escuela de aquel pueblecito francés de la costa mediterránea donde yo vivía entonces, mojando mi pluma en un tintero y esmerándome en caligrafiar algunas líneas, sacando la lengua y rezando para que ningún borrón viniese a estropear tan ardua tarea.
Al salir del aula, me pasaba algún día por la tienda del pueblo (recuerdo aún el nombre de la dueña) para cumplir con algún encargo de mi madre antes de regresar a casa. La dueña de la tienda apuntaba y luego sumaba el precio de los artículos de mi pedido en un trozo de papel de estraza…con uno de esos bolígrafos “BIC” que ya existían por aquel entonces. Mi maestro afirmaba que nunca se podría aprender a escribir con tales diabólicas herramientas y las prohibía en el espacio escolar. Él mismo sólo corregía nuestras tareas con pluma y tinta (roja, eso sí). Tuve que esperar al año 55 o 56 para que se me permitiese ¡por fin! usar el famoso bolígrafo en ciertas (no todas) tareas escolares.
Paréntesis: hace 6 o 7 años, a mi hijo adolescente no le autorizaban presentar sus trabajos escolares con ordenador. No sé ahora.
Vuelvo al pasado, algunos años más tarde, a mediados de los 60, ya jóven maestro en otro pueblo de la misma región francesa. Me veo intentando convencer al alcalde del pueblo (allí son los ayuntamientos quienes financian las necesidades de las escuelas públicas), intentando convencerle, digo, de que en lugar de comprar treinta y tantos libros de texto todos iguales, sería más útil para mi clase comprar un par de ejemplares de cada editorial, lo cual nos permitiría hacer un estudio crítico y comparativo del enfoque que cada autor da a un mismo tema, y con el dinero sobrante comprar una pequeña imprenta tipo “Gutenberg”, con sus letras móviles para componer textos que se escribirán de derecha a izquierda y controlando con un espejito, con su rodillo para impregnarlas de tinta, y con su prensa manual para al final ver aparecer, orgullosos, la obra en una hoja de papel. Era trabajoso, manchaba los dedos, había luego que limpiar todo con gasolina antes de poder volver a empezar, volver a colocar cada letra en su sitio, pero era un “trabajo” en el sentido noble de la palabra, tenía unas virtudes y un atractivo con los que no podía competir la típica tarea escolar y les gustaba mucho a los niños cuya ortografía mejoraba sin necesidad de tanto ejercio insípido y muchas veces estéril. Con dicha imprenta podíamos magnificar los trabajos escolares para que se pareciesen más a lo que se publicaba en el mundo “real”, en libros y periódicos, lo cual era una excelente motivación para animar a mis alumnos a practicar la expresión escrita. Nos carteábamos con otra clase de mismo nivel que estaba a 600 km de nosotros, para compartir creaciones, investigaciones, cosas de nuestras respectivas vidas, fotos, etc…y esos intercambios constituían otra poderosa motivación para las actividades del aula, más aún sabiendo que a final de curso nos podríamos conocer personalmente en un viaje que culminaría esta correspondencia. Claro que el interés decaía a veces a causa de la lentitud del correo. ¡Si hubiésemos conocido Internet! Todo eso nos llevaba a tener que debatir para decidir y planificar juntos nuestras actividades, ya no era el maestro sólo quién decidía e imponía las tareas.
El señor alcalde, un acomodado viticultor del lugar, se dejó convencer, probablemente más por mi entusiasmo juvenil que por mis argumentos pedagógicos. Más me costó convencer a ciertos padres de alumnos, siempre intranquilos, ¿ el “nivel” no sufriría con semejantes métodos?, y no hablemos de la cara que me ponían mis compañeros de gremio, intranquilos ellos de que mis innovaciones pedagógicos pudieran sacarles de su confort y tradición . Me animaban los ojos llenos de vida e ilusión de mis alumnos y me convencían de que andaba por el buen camino.
¿Que conclusiones saco de este par de recuerdos personales?
Por una parte, como bien dice el señor Rodríguez Ibarra, que la escuela no puede ser una isla al margen de la vida real, siempre con años de retraso con respeto a lo que la rodea. Tiene que ser de su tiempo, trabajar con las herramientas de su época porque tiene que instruir y educar a niños del presente para meterlos en el futuro.
Y por otra parte, que he constatado con tristeza, en todos esos años de profesión, que el gremio de la enseñanza, en su gran mayoría (con magníficas excepciones), incluso cuando vota a la izquierda, es uno de los cuerpos más conservadores de la sociedad. Y el oficio de docente pide estar a la vanguardia.
Claro que la administración es la responsable de la elección y la formación de su personal, así como de proporcionar los medios necesarios a tan importante tarea.
La escuela necesita muchos más medios, que duda cabe, pero ¿es eso excusa suficiente para el inmovilismo?
